Arte marcial o arte de combate es una traducción que traiciona un poco el espíritu del ideograma original que se descompone en dos caracteres: “detener” y “la lanza”. Comprendido originalmente como el “arte de detener la lanza”, el arte marcial toma así su significación esencial. Más aún si se comprende que esta fórmula puede interpretarse a la vez como el “arte de detener la lanza del adversario” y el “arte de detener la lanza propia”. Es decir, el Gran Arte de la pacificación exterior y de la armonía interior.
El Arte y la Vía
En las civilizaciones antiguas, cuyos testimonios existen aún vivientes en Oriente, las artes tradicionales conducen a una Vía que permite al hombre, al precio de un aprendizaje largo y difícil, profundizar su experiencia de la realidad y de él mismo. Poco a poco, el aprendiz descubre las leyes que rigen las fuerzas sutiles con que la vida está tejida, y aprende que la calidad de sus obras depende del dominio de sí mismo, de lo que él es. Su trabajo exterior es el soporte de una metamorfosis interior.
En el Japón existe la vía de la caligrafía (sho do), la de la ceremonia del té (cha do), la del arreglo floral (ka do), de hecho una Vía para cada arte antiguo. El arte del combate no escapa a esta regla. El budo designa el sendero abrupto que serpentea en el corazón de las artes marciales. Esta Vía del combate es escarpada. La presencia del adversario exige la presencia de sí mismo en cada gesto que es así una cuestión de vida o muerte. Un fallo en la concentración, un desequilibrio entre el cuerpo y el espíritu no perdonan en un combate real y representan un gran riesgo en los entrenamientos. Rápidamente se descubre que al adversario más peligroso no hay que buscarlo en otra parte más que en sí mismo. La Vía del combate adquiere así un sentido diferente.
Do jo significa en japonés “el lugar de la Vía”. En él se practica el budo. Equivalente a un templo, el dojo es un lugar sagrado en el que se recibe una enseñanza, en el que uno ejerce y se regenera. Pero el budo, repiten los Maestros, no se practica solamente en el dojo. Es un arte de vivir que se experimenta a cada instante. El verdadero dojo, añaden los maestros, es el que el discípulo debe construir en su corazón, en lo más profundo de sí mismo.
El budo y los bujutsu
Las artes marciales japonesas son en muchos aspectos las herederas de las chinas. La civilización japonesa, aunque fuertemente influenciada por la cultura del Imperio del Medio, es sin embargo de una remarcable originalidad ya que el país del Sol Naciente es un crisol que integra y absorbe para remodelar después a su gusto.
La savia sutil del budo no ha dejado de alimentar las artes marciales japonesas. Los Maestros japoneses del comienzo del siglo, temiendo quizás el contacto de Occidente y el choque del mundo moderno, han querido poner de manifiesto la importancia esencial de la Vía (DO) cambiando los antiguos nombres de los bujutsu tales como jiu-jutsu, aikijutsu, ken-jutsu, etc. en judo, aikido, kendo y otros. De esta manera esperaban que no se confundiera a las artes marciales, como Vía de superación, con los deportes de combate.
Los bujutsu a mano desnuda
Cuando un hombre es desarmado en el curso de un combate, su única suerte de sobrevivir reside en su habilidad para utilizar sus armas naturales, es decir, las de su cuerpo. El jiu-jutsu, o el arte de la flexibilidad, es un método de combate a mano desnuda que reposa sobre el principio de la no resistencia. Este arte utiliza sobre todo técnicas que permiten utilizar los movimientos del adversario para ponerle fuera de combate. Método muy completo, el jiu-jutsu utiliza todo el arsenal del cuerpo: desviaciones, proyecciones, barridos, golpes llaves y estrangulamientos. El judo deportivo surgió de él pero se alejó completamente del concepto de Vía.
El Zen en las artes marciales
Siempre es grato leer y apreciar textos que, de una manera indirecta, a través del cuento o de la poesía, enseña la auténtica sabiduría. La tradición japonesa, como todas las tradiciones antiguas, es extremadamente rica en cuentos y en narraciones de todo tipo. El aportes de cuentos y prodigios de la tradición budista no deja de ser menos importante. La intención de esta sección es reunir estos cuentos y narraciones de las artes marciales.
Hay que ver en los textos que nos presenta sólo una agradable e inteligente manera de dar a conocer acontecimientos y narraciones a veces auténticos, como es el caso de los recuerdos de Eugen Herrigel sobre el gran Maestro de arco, Awa, o las concernientes al fundador del aikido, el Maestro Ueshiba. Es difícil saber dónde acaba la historia y donde comienza el cuento en este mundo sutil y un poco mágico, real o maravilloso, de los grandes Maestros. Es evidente que el «último secreto» nunca es verdaderamente transmisible y que, sin embargo, aquel que quiere puede comprender y ser iniciado, o «robar» el secreto, tal como el joven Yang Lu Chan, del siglo XIX, que consiguió ingresar en la familia del Maestro Chen Chang Hsiang que detentaba el secreto de una forma de combate a mano desnuda, conocido desde entonces con el nombre de tai-chi.
Yang consiguió ser empleado como sirviente. Cada día seguía las lecciones del Maestro oculto en un rincón. Un día fue sorprendido por el Maestro. Nadie había conseguido jamás violar el secreto de una enseñanza varias veces centenaria. Su vida estaba en juego. Pero el Maestro comprendió que Yang actuaba impulsado por el deseo real de aprender, por lo que accedió a enseñarle. Más tarde, convertido en un gran Maestro, Yang dio a conocer parte de los secretos de la que es sin duda la más grande de todas las artes marciales.
Todos estos cuentos o narraciones poseen una enseñanza constante: El espíritu racional, el deseo de eficacia caen presos de sus propias trampas. Subyacente a la realidad, aparece otra realidad, se manifiesta una eficacia casi absoluta, y aquel que creía actuar o golpear es súbitamente vencido o alcanzado profundamente. Por ejemplo, esos bribones que tan mal acaban después de atacar a un Maestro de tai-chi que apenas se defiende. El Maestro Awa, para ilustrar que lo esencial había sido adquirido, y por supuesto la eficacia, clava una flecha en un blanco que se encuentra en el fondo de un pasillo sin luz. Después lanza una segunda flecha que quiebra a la primera. De la misma manera, la fuerza ágil de un viejo Maestro vence el ardor impetuoso de un joven samurai. Podríamos multiplicar los ejemplos hasta el infinito.
Estas historias tienen como meta hacernos comprender que el umbral a alcanzar y la verdad a comprender nunca son evidentes, que la verdadera eficacia es a menudo secreta y oculta, incluso voluntariamente disimulada, ya que el colmo del verdadero conocimiento es burlarse de él, fingir que no se sabe nada. Personalmente he conocido a varios Maestros verdaderos que en apariencia podían ser confundidos con las personas más comunes. Esta viva tradición, particularmente en el mundo del sufismo, se ha convertido de hecho en una característica esencial del sufismo mismo. Se dice a menudo que un pir, un Maestro, y sobre todo un Maestro de Maestros, un polo, debe permanecer desconocido, incluso a veces a sí mismo.
La Humanidad está sembrada de seres cuya calidad interior es un campo de fuerza determinante para el bienestar y la protección de la vida. Estos seres, en si mismos centros espirituales, están ahí para crear alrededor de ellos influencias benéficas propicias para mantener y transmitir la tradición secreta.
Este es un punto estable, un centro que existe en cada ser y que es posible realizar, ya que no requiere nada que no esté en el hombre: una apertura a la sabiduría infinita desde adentro, una apertura a través de la cual surge a la luz y florece una sabiduría que como la de estos Maestros fascinantes, hace que los gestos, los dedos, los bastones, las cosas más insignificantes, se muevan como en la danza del Vacío.
En muchos de los casos se ha considerado al Karate como un arte de lucha de origen Japonés no siendo del todo cierto. Posiblemente la idea más acertada que se tiene es que es un sistema de lucha sin armas que surgió de la India, que centro su cuartel general en China y tuvo un importante punto de desarrollo en la isla de Okinawa.
El marco general de desarrollo fueron los pueblos de oriente, adaptándose a las mentalidades de la época y a las costumbres de esos pueblos. Se mezcló con las luchas autóctonas y fue influenciadas por los pensamientos filosóficos entonces vigentes. Sin ir más lejos, las verdaderas diferencias existentes entre las distintas artes marciales se basaron en la diversidad de la idiosincrasia de los pueblos que con la practica de estos sistemas de lucha dieron origen a sus estilos. Las conclusiones que se tienen hoy sobre el Karate son muy diferentes unas de las otras; algunas consideran el Karate como un arte de lucha, otros como un sistema donde lo fundamental es dar patadas y golpes con los puños terriblemente demoledores, rompiendo objetos, siendo el único factor común entre todas estas conclusiones que fue un arte misterioso. Todas las artes marciales siempre han estado rodeadas de una dosis de fantasía por ser artes orientales, donde hay infinidad de historias magnificadas por personajes de aspecto débil que derrotaban a terribles adversarios, dando lugar a mitos y leyendas.
No debemos olvidar que occidente ha tenido siempre una gran curiosidad por la vida y costumbre de estos países lejanos y exóticos que han redundado en el desarrollo de una imagen algo distorsionar de la realidad. La forma en que occidente ha etiquetado estos temas debido a grandes intereses económicos, y también deportivos, han hecho que las artes marciales se arraiguen con fuerza en occidente pero a base de fundamentos ajenos a la intención real de estas artes y de sus grandes maestros.
Desde los orígenes del karate la participación del hombre no solo fue por el aspecto combativo, si no también por la practica de la meditación zen, considerando al pensamiento filosófico como el mejor aporte al sistema formativo espiritual del propio practicante, haciéndole participe y utilizando todo ello como forma de relación personal y una forma de vida.
El ser humano se ha diferenciado de los animales por su actuación racional, utilizando su inteligencia en sustitución de la fuerza, desarrollando una buena escala de valores. Hoy en día muchas veces esta teoría, “la de la razón”, se pierde y no tiene valor, de hecho la propia sociedad se fundamenta en la fuerza para hacerse respetar (poder coercitivo de las leyes). Como contraparte un pensamiento básico del espíritu de las artes marciales es que la utilización de la fuerza puede ser valido algunas veces, como por ejemplo cuando la vida humana es amenazada pero ésta no puede ser utilizado como de destrucción.
Este tema entre otros hacen que el hombre actual, su ritmo de vida, sus manifestaciones secundarias, le llevan a un enrarecimiento prematuro de su cuerpo y de su mente, esta tendencia puede evitarse con la práctica de cualquier arte marcial.

