Actualmente, «dojo» no está registrado en el diccionario de la Real Academia Española (RAE). Sin embargo, el término japones se usa internacionalmente para referirse a una sala de entrenamiento o escuela de artes marciales. Significa literalmente «lugar del camino» (道, dō = camino, 場, jō = lugar), un espacio para el aprendizaje técnico y mental. (Texto extraído de la página web.)
En esta oportunidad, queremos acercarles el escrito elaborado por un alumno Ken Shin Kan, de esta gran familia que nos une a lo largo y ancho del planeta, sobre el significado de Dojo, honrando la memoria del Shihan Raúl Fernandez del la Reguera Silva.
El Dojo y el Estado del Ser: Una Herencia de Luz
Estimados alumnos, practicantes del Ken Shin Kan:
Hoy quiero compartir con ustedes una reflexión sobre el espacio que habitamos y el propósito de nuestro entrenamiento. Para entender nuestro Karate-do, debemos primero comprender qué es el Dojo.
1. El Encuentro con el Camino.
Cuando un principiante cruza el umbral del Dojo por primera vez, sus ojos suelen quedarse en la superficie: los colores de los cinturones, la firmeza de las posiciones o el rigor del Kiai. Muchos llegan buscando fuerza o seguridad; otros, siendo niños, llegan de la mano de sus padres sin saber que están iniciando un viaje hacia su propio interior.
En ese inicio, la figura del Sensei aparece como un guía, un protector. Es un afecto profundo que nace del respeto y del Reishiki (la etiqueta), transformando esa relación en un pilar emocional que nos sostiene mientras forjamos nuestro carácter.
2. Personalidad frente a la Esencia (Kokoro)
Con el paso de los años y el sudor en el Karategi, el Dojo deja de ser una sala de ejercicios para convertirse en una Alquimia del alma.
Mi Maestro, Raúl Fernandez, nos advertía sobre un peligro en el camino: el desarrollo del «Falso Ego». Muchos se acercan al Budo buscando alimentar su orgullo o escapar de la soledad. Sin embargo, la verdadera enseñanza busca el equilibrio o ecuanimidad. El Sensei nos enseñó que, si bien debemos desarrollar nuestra personalidad para navegar en el mundo, esta nunca debe anular nuestra Esencia (Kokoro). El intelecto es una herramienta, pero es la intuición la que nos permite conectar con la técnica verdadera.
3. El Dojo como Bodhimanda
¿Qué es, entonces, un Dojo? No es un gimnasio, ni un club social, ni mucho menos un lugar para la distracción superficial.
La palabra Dojo significa literalmente «Lugar donde se busca el Camino». Siguiendo las huellas de mi Maestro, hoy comprendo que el Dojo es un Bodhimanda: un lugar sagrado de iluminación. Es el espacio donde conectamos con la alegría, el compañerismo y, sobre todo, con el desarrollo del corazón.
4. El Legado del Maestro Raúl.
Si algo nos repetía el Maestro hasta el cansancio, era una lección de humildad profunda:
»No me amen a mí; desarrollen la consideración y el respeto por sus compañeros. Solo a través del servicio y la empatía con sus pares aprenderán lo que es el verdadero amor».
Él no buscaba seguidores, buscaba hombres y mujeres despiertos. Nos enseñó que el Karate no termina al quitarse el cinturón; el estado de Zanshin (atención plena) debe acompañarnos en cada acto de ayuda al prójimo.
A mi Maestro, que ya no está físicamente entre nosotros:
Gracias por mostrarme que el Dojo no son estas cuatro paredes, sino el lugar sagrado que construyo dentro de mí mismo cada vez que entreno con honestidad. Ya sé lo que tengo que hacer: honrar tú Ken Shin Kan como nos indicaste, tú memoria, manteniendo encendida la llama de la Esencia en cada uno de los alumnos de esta hermosa escuela, qué durará 700 años cómo nos indicaste en algún momento.
Autor: Victor Hugo Faunes Petit-Breuith